martes, 9 de junio de 2026

 


Si tardás, perdés

Escribe: Gustavo Romans

En la era del scroll infinito y los videos de 15 segundos, la dirigencia política sigue atrapada. A diario veo a dirigentes inundar redes con videos de tres minutos explicando proyectos, o subiendo fotos de reuniones con textos que nadie leerá.  El diagnóstico es crudo pero real: en el ecosistema digital, lo que no apela a la brevedad y a la claridad no existe.

Hoy, el activo más valioso de un ciudadano es su tiempo. Un político no compite por la atención contra su opositor directo. Compite contra un meme, contra el video de un influencer o una notificación de WhatsApp. Perforar esa barrera, con comunicación política digital no necesita más presupuesto; necesita claridad, brevedad y diseño narrativo.

La brevedad con impacto es el insumo comunicacional más antiguo del mundo. Estamos programados para procesar, recordar y viralizar la información cuando viene estructurada en bloques cortos. Esto se conoce como la regla de la tríada. Los grandes estrategas de la historia la usaron. Julio César no redactó un informe militar; sintetizó su poder en un “Veni, vidi, vici” (Vine, vi, vencí). La Revolución Francesa no se militó con un manual, sino bajo el hashtag analógico de “Libertad, igualdad, fraternidad”. Abraham Lincoln redefinió la democracia usando tres preposiciones: “Del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. ¿Por qué estas frases sobrevivieron siglos? Porque son visuales, rítmicas y portátiles. Cabían en una plaza romana, en un panfleto francés y hoy encajan perfectamente en un video de Instagram o TikTok.

Cuando trasladamos esta matriz al escenario digital contemporáneo, vemos que los líderes que conectan y movilizan son aquellos que dominan la simplificación. Obama construyó una campaña innovadora con tres monosílabos: “Yes, we can” (Sí, podemos). No explicó el programa económico; activó un resorte emocional.

En Argentina, la regla no cambia. Estructuras cortas y tajantes como el “No hay plata” de Javier Milei demuestran que una frase puede penetrar la agenda pública, cancelar debates técnicos abstractos y fijarse en el electorado.

Equivocadamente, hay asesores que confunden el storytelling con "contar cómo caminamos el barrio". Eso no es estrategia, es registro documental. El verdadero storytelling utiliza la brevedad y la claridad como insumo al servicio de una narrativa que responda a: ¿Quiénes somos? (Identidad) ¿Qué defendemos? (Causa) ¿Hacia dónde vamos? (Destino). Si un dirigente necesita un párrafo de veinte líneas para explicarle a los vecinos por qué quiere ser intendente, ya perdió la elección digital.

El error más común de los dirigentes es subestimar al votante digital pensando que "la política se hace solo en la calle". La calle y la red hoy son el mismo territorio. Quien no logra sintetizar su propuesta en una tríada potente o en una frase corta que el vecino pueda repetir en la cena familiar, simplemente se vuelve invisible.

La brevedad no es falta de profundidad; es el resultado de un trabajo estratégico riguroso. Encontrar las palabras correctas es mucho más difícil que escribir un discurso de una hora, pero es lo único que garantiza que el mensaje sea escuchado, recordado y, finalmente, votado.

lunes, 8 de junio de 2026

 


"Caso Manfredi": ¿Por qué gasto en redes y nadie me ve?

Escribe: Gustavo Romans

En abril de 2012 Facebook era realidad, Twitter arrancaba e Instagram y TikTok no habían nacido. Los medios tradicionales aún eran fuertes. Ese año, en el Museo de Arte Contemporáneo de Casoria, a las afueras de Nápoles, estaba por ocurrir un suceso importante.

Ante la falta de fondos del museo, su director, Antonio Manfredi, no publicó un comunicado de prensa tradicional que nadie leería. En su lugar, creó un contenido éticamente provocador: anunció que quemaría tres obras de arte por semana hasta que el ministro de cultura enviara los fondos presupuestados.

En la primera conferencia de prensa que convocó, solo había pocos medios locales y Manfredi, en un rincón de Italia, roció con alcohol y prendió fuego una pintura con el consentimiento del artista. La imagen recorrió Italia y el mundo del arte. A la semana (otra conferencia de prensa) hizo lo mismo y los medios vinieron de todo el país y algunos desde países europeos. Otra pintura fue incendiada. Una hora antes de la tercera conferencia de prensa, donde ya había medios de toda Europa y varios del resto del mundo, llamó el ministro de Cultura informando que había liberado los fondos presupuestados para el museo. ¿La lección?: El contenido es el motor, no la cantidad de seguidores.

Este caso es el ejemplo perfecto de por qué la potencia del contenido es superior a la métrica de seguidores. Antonio Manfredi, sin pauta publicitaria y sin redes sociales, no necesitó seguidores para “viralizar”. El contenido fue tan potente que los medios (BBC, Le Monde, New York Times) se convirtieron en distribuidores de su contenido. Así, un pequeño museo local terminó marcando la agenda cultural del continente.

Manfredi demostró que cuando el contenido toca una fibra humana (en este caso, un ataque al arte), no importa lo pequeña que sea la cuenta: el mensaje encontrará su camino. El director sólo necesitó “una idea poderosa” que fuera imposible de ignorar.

En la comunicación política contemporánea ocurre exactamente lo mismo. El microclima político vive obsesionado con la métrica de vanidad: el seguidor, el me gusta del militante propio y pauta digital para inflar videos que nadie termina de ver. Confunden distribución con atención. El caso Manfredi es la tesis de la "comunicación de alto impacto": la narrativa es combustible y la plataforma el viento. Si el candidato no construye mensajes con fuego propio, no importa la inversión en pauta porque la estructura se apaga.

En el territorio digital no se gana por saturación de pantalla, se gana por monopolio de la conversación. El que continúe buscando seguidores en lugar de diseñar narrativas imposibles de ignorar, seguirá financiando a Meta mientras su rival le manejará la agenda desde un celular.



 

¿Quién domina la conversación política digital en Junín?

Escribe: Gustavo Romans

A partir del debate por la compra de teléfonos, cámaras y micrófonos para el área de prensa del Municipio de Junín, me pregunté quién domina la conversación política digital en Junín. Analicé datos duros. Cantidad de seguidores, uploads (publicaciones) y engagement (tasa de Compromiso o Interacción). Métricas con herramientas a las que cualquiera puede acceder y considerando la información pública. Es decir, observando perfiles de redes sociales de dirigentes políticos de la ciudad.

Hay un top 10 de hombres y mujeres que se dedican a la política que tienen una conversación con la audiencia utilizando redes sociales. Si bien analicé Facebook, Instagram y TikTok, voy a tomar Instagram porque se puede ponderar con equidad en cuanto a la cantidad de desarrollo que tienen los protagonistas, ya que cuando se analizan otras redes es dispar la fecha de inicio y se produce una confusión que impide obtener un resultado óptimo.

Ese top 10 de dirigentes lo conforman:  1)Pablo Petrecca (Senador Provincial) @pablopetrecca: 29,99% (37.000 seguidores) 2) Agostina Larocca (Concejal) @agoslarocca1: 20,02% (24.700 seguidores) 3) Juan Fiorini (Intendente) @juanfiorini: 14,27% (17.600 seguidores) 4) Valeria Arata (Senadora Provincial) @vale.arata: 9,73% (12.000 seguidores) 5)Rocío Cayzak (Concejal) @rocayzac: 8,51% (10.500 seguidores) 6) Maia Leiva (Concejal) @leiva_maia: 4,77% (5.891 seguidores) 7) Agustina De Miguel (Concejal) @agustinademiguel: 4,07% (5.024 seguidores) 8) Lucio Monserrat (Consejero Escolar) @luciomonserrat: 2,93% (3.616 seguidores) 9) Clara Bozzano (Concejal) @clarabozzano: 2,88% (3.555 seguidores) 10) Belen Veronelli (Concejal) @belenveronelli: 2,83% (3.486 seguidores)

Sin embargo, a la hora de medir lo importante, hay que poner la lupa sobre el engagement (tasa de compromiso), que puede estimar el nivel de influencia de cada dirigente. Allí la cosa cambia: Agostina Larocca triplica al senador Petrecca con un promedio de 11,36 a 4,81. Tercero aparece el intendente Fiorini con 2,59 y luego la Senadora Valeria Arata con 1,72.

De igual manera, se genera lo que podríamos denominar el “fenómeno de cuentas medianas”, ya que perfiles que oscilan entre 3.500 y 6.000 seguidores (Agustina De Miguel, Lucio Monserrat, Clara Bozzano y Maia Leiva), tienen promedios de interacción altos (todos por encima del 2,4). Esto demuestra que, en el plano local, las segundas líneas políticas logran propuestas intensas y captan audiencia compitiendo contra cuentas que están algo saturadas de seguidores pasivos (miran sin interactuar). Otro dato relevante es realizar un corte de los últimos 90 días, donde el crecimiento en engagement lo lideran Juan Fiorini en primer lugar, Valeria Arata en segundo término y Belen Veronelli en tercer lugar. Puede ser un comportamiento de la coyuntura, pero así dan los números.

Pero el dato más revelador de todos es que a la hora de la conversación política en redes, solo estos actores son los que “mueven la aguja”. He analizado más de 35 usuarios que “están en la política” y la influencia en redes es casi nula.  Obviamente que el análisis es del “territorio digital” y no del territorio real. Pero es un indicador de influencia muy importante. 83% de los juninenses en condición de votar utiliza redes.

Un párrafo final haciendo doble click sobre una comunicación política planificada y coordinada. Petrecca / Fiorini, con la decisiva participación de los seguidores de la cuenta oficial del municipio y la concejal Agostina Larocca, cuando utilizan lo que llamamos el Instagram Collabs (publicación colaborativa) o réplica de un mismo post o reel logran acaparar el 79% de la conversación política digital, obteniendo equilibrio etario y de género. Un número importante.

En comunicación política se suele repetir un mantra: “Las redes no te hacen ganar elecciones, pero te pueden hacer perder”

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