Si tardás, perdés
Escribe: Gustavo Romans
En la era del scroll infinito y los videos de
15 segundos, la dirigencia política sigue atrapada. A diario veo a dirigentes inundar
redes con videos de tres minutos explicando proyectos, o subiendo fotos de
reuniones con textos que nadie leerá. El
diagnóstico es crudo pero real: en el ecosistema digital, lo que no apela a la
brevedad y a la claridad no existe.
Hoy, el activo más valioso de un ciudadano es
su tiempo. Un político no compite por la atención contra su opositor directo. Compite
contra un meme, contra el video de un influencer o una notificación de WhatsApp.
Perforar esa barrera, con comunicación política digital no necesita más
presupuesto; necesita claridad, brevedad y diseño narrativo.
La brevedad con impacto es el insumo comunicacional
más antiguo del mundo. Estamos programados para procesar, recordar y viralizar
la información cuando viene estructurada en bloques cortos. Esto se conoce como
la regla de la tríada. Los grandes estrategas de la historia la usaron. Julio
César no redactó un informe militar; sintetizó su poder en un “Veni, vidi,
vici” (Vine, vi, vencí). La Revolución Francesa no se militó con un manual,
sino bajo el hashtag analógico de “Libertad, igualdad, fraternidad”. Abraham
Lincoln redefinió la democracia usando tres preposiciones: “Del pueblo, por el
pueblo, para el pueblo”. ¿Por qué estas frases sobrevivieron siglos? Porque son
visuales, rítmicas y portátiles. Cabían en una plaza romana, en un panfleto
francés y hoy encajan perfectamente en un video de Instagram o TikTok.
Cuando trasladamos esta matriz al escenario
digital contemporáneo, vemos que los líderes que conectan y movilizan son
aquellos que dominan la simplificación. Obama construyó una campaña innovadora con
tres monosílabos: “Yes, we can” (Sí, podemos). No explicó el programa económico;
activó un resorte emocional.
En Argentina, la regla no cambia. Estructuras cortas
y tajantes como el “No hay plata” de Javier Milei demuestran que una frase puede
penetrar la agenda pública, cancelar debates técnicos abstractos y fijarse en
el electorado.
Equivocadamente, hay asesores que confunden el
storytelling con "contar cómo caminamos el barrio". Eso no es
estrategia, es registro documental. El verdadero storytelling utiliza la
brevedad y la claridad como insumo al servicio de una narrativa que responda a:
¿Quiénes somos? (Identidad) ¿Qué defendemos? (Causa) ¿Hacia dónde vamos?
(Destino). Si un dirigente necesita un párrafo de veinte líneas para explicarle
a los vecinos por qué quiere ser intendente, ya perdió la elección digital.
El error más común de los dirigentes es
subestimar al votante digital pensando que "la política se hace solo en la
calle". La calle y la red hoy son el mismo territorio. Quien no logra
sintetizar su propuesta en una tríada potente o en una frase corta que el
vecino pueda repetir en la cena familiar, simplemente se vuelve invisible.
La brevedad no es falta de profundidad; es el
resultado de un trabajo estratégico riguroso. Encontrar las palabras correctas
es mucho más difícil que escribir un discurso de una hora, pero es lo único que
garantiza que el mensaje sea escuchado, recordado y, finalmente, votado.


